A veces, por miedo, nos calzamos un escudo, una coraza. Algo con lo que nos sentimos protegidos. Y a veces, somos el escudo de otro. Somos cómplices de alguien equivocado, lo escudamos.Hay veces en las que nos escudamos tanto que terminamos presos de nuestra misma coraza, de nuestro mismo escudo. Y a veces estamos desarmados, sin corazas ni escudos y nos sentimos vulnerables.
Otros, necesitamos sacarnos algunos escudos. Desarmarnos. Tirarnos al agua sin salvavidas.
0 comentarios:
Publicar un comentario